masoneria

  • El Templo de Melqart-Hércules en Sanctipetri - San Fernando (Cádiz)

     

     LAS DOS COLUMNAS DEL TEMPLO

    Primitivamente, Melkart fue una divinidad fenicia de la ciudad de Tiro, a la que estuvo consagrado en un principio el templo de Heracles en el islote de Sancti Petri en la antigua ciudad de San Fernando (Cádiz). Su culto, centrado en el fuego sagrado de las ciudades, se extendió por todas las colonias de Tiro. Era la forma fenicia del dios Baal. Originariamente era un dios agrícola, del campo, la vegetación, la fecundidad y la primavera, por lo que su ritual comprendía una serie de ritos de muerte y resurrección cíclicos anuales, coincidentes con las estaciones del año. No obstante, también era una deidad marina

    Interesa señalar que el templo tirio se convirtió en una especie de modelo para otras edificaciones semejantes. De hecho, la mayor parte de templos mediterráneos siguieron algunos aspectos de su construcción como la dirección este – oeste, y las dos columnas. La mayor parte de los templos que se construyeron al inicio del primer milenio A. C. por influencia tiria tenían dos columnas al ingreso. Los hebreos no tenían mayor experiencia en la construcción, aunque tenían conocimiento de la arquitectura de Egipto. Donde muchos monumentos tenían dos obeliscos en su frente.

    Cuando los hebreos toman la decisión de la construcción del templo, se recurrió a Tiro. El llamado Templo de Salomón sin duda se elevará bajo la influencia de Tiro. En el siglo I A. C. existía una alianza de los tirios con los hebreos que se concretó en la construcción del templo de Jerusalén. Hiram I de Tiro envió a Hiram Abif, el hijo de la viuda, al Rey Salomón para realizar la construcción.

    En el Libro de los Reyes se dice: “es que Hiram Abif hizo dos columnas a la entrada del templo, de dieciocho codos de altura, aproximadamente 8,5 metros. De bronce, huecas, con tres gavetas sin sostener ninguna viga”. Esta tradición se recoge en los templos masónicos.

    Estas columnas son el único elemento con nombre propio dentro del templo masónico. Los constructores del templo de Salomón se dividían en tres categorías, diferenciados por su experiencia y destreza: Aprendices, Compañeros y Maestros.

    Las Columnas son símbolo de fuerza. Son también los Pilares que sostienen a la Logia

     

     

     

     

     

  • Solsticio deriva del latín solstitium; sol (el astro) y stitum (detención). La detención del sol que marca el tiempo en que este se halla más lejos del Ecuador y en que parece quedarse varado en los mares del Universo durante unos días.

     

    El solsticio de verano se produce entre los días 21 y 22 de junio en el Hemisferio Norte cuando la distancia angular del Sol al Ecuador celeste es máxima. Es momento de fecundidad, de cosechas, de gracias por los dones recibidos y de acopios para pasar el otoño y el invierno.

     

    Sabemos que en la tradición, en el Zodíaco, el signo de Cáncer, correspondiente al solsticio de verano, es la “puerta de los hombres”, y que el signo de Capricornio, correspondiente al solsticio de invierno, es la “puerta de los dioses “.

     

    Antecedentes de la celebración solsticial cabria hallarlos, entre otros, en la celebración Celta del Beltaine, o del bello fuego, o también fuego de Bel, ceremonia realizada en honor del Dios Belenos. Era el momento propicio en el que los druidas purificaban el ganado y hacían plegarias por un año fructífero.

     

    A la noche de San Juan los celtas la llamaban Alban Heruin. Establecieron para gobernarse un calendario solar dividido en doce meses. A cada uno de ellos lo bautizaron con el nombre de un árbol de sus bosques apreciado por sus cualidades. Árboles que eran consustanciales como realidad de su hábitat, y para su supervivencia como pueblo ceñido a la naturaleza. A partir de esta división ordenaban los periodos propicios de siembra y de cosecha. En los momentos del tránsito solsticial encendían hogueras para glorificar el poder del Sol. Eran conscientes del hecho solsticial y de que los fenómenos ocurridos en la bóveda celestial tenían un grado de influencia en sus vidas.

     

    Reconocían en el Sol la paternidad de los ciclos de la naturaleza. Una magia cargada de fuerzas positivas y generosas. La energía del Sol se trasmutaba y derramaba en sus tierras y frutos, en la fertilidad de las mujeres. Similar era el trasfondo de las celebraciones griegas en honor del Dios Apolo que marcaban el solsticio de verano con sus hogueras purificadoras. Minerva, por su parte, centraba las fiestas asociadas al fuego de los romanos. Al otro lado del Atlántico los festivales primordiales incaicos estaban en relación a los solsticios siendo majestuosa la celebración del Inti-Raymo o fiesta del Sol en el que el 24 de junio tenía lugar en las cercanías del Cuzco imperial, recinto inaccesible y enigmático. Ambos solsticios representan esa dualidad tan inherente a la ontología masónica. El del verano, alegre, triunfo de la luz, aunque paradójicamente siendo la majestad de la eclosión es también el principio de descendimiento.

     

    El cristianismo, optó por dedicar esta fiesta solar mágica a San Juan. San Juan Bautista es el autentico príncipe del santoral cristiano, el único santo del que se celebra su nacimiento y no la muerte. En la Edad Media el ya entonces San Juan de los cristianos fue adoptado como Santo Patrón de los Collegia Fabrorum de artesanos y luego de los constructores, masones operativos desde donde pasó su patronazgo a la masonería especulativa, desde su mismo surgimiento a principios del Siglo XVIII. Pero a pesar de todo ello hay una corriente de estudiosos de la Masonería que asocia la fiesta solsticial masónica con San Juan el Limosnero.

     

    Juan el Limosnero o Juan de Jerusalén, patriarca de Antioquía, no dudó en abandonar su posición de privilegio para dirigirse a Jerusalén. Allí socorrió a los peregrinos, creó una fraternidad para curar a los cristianos enfermos y heridos, y ayudó económicamente a los que viajaban a Tierra Santa o a los que visitaban el Santo Sepulcro. También se afirma que el puesto de Hermano Hospitalario, que es regular en los cuadros logiales de la Orden francmasónica, tanto en sus símbolos como en sus funciones es una reminiscencia de este personaje.

     

    La celebración del solsticio de verano como tal data de 5000 años antes de Cristo a raíz de la permanente observación de la bóveda celeste por parte de sabios astrónomos-astrólogos. Para los griegos los solsticios eran sinónimo de puertas siendo el solsticio de verano la puerta de los hombres. Etimológicamente la palabra Juan se relaciona con el vocablo latino Janua cuya traducción es puerta y del que se deriva januarius, enero, o iniciación. Sin salir de este contexto cabe subrayar que el significado de puerta lo tiene también la letra griega Delta que tiene forma de triángulo y que era la que utilizaban los antiguos en las puertas de acceso a los templos iniciáticos. Los cristianos sustituyeron el Janua o Janus etrusco y su equivalente Saturno de los frigios y los griegos con San Juan, nombre que en una de sus acepciones se interpreta como la gracia o el don de Dios.

     

    Jano, como personaje mitológico, asoma inicialmente en la mitología hindú primitiva. Como dios de la naturaleza era guía de las almas y, como a Osiris, se le llama Sol teniendo bajo su custodia las puertas de Oriente y Occidente. Janus, para los romanos, era el dios que presidía el ingreso del Sol en los hemisferios celestes, el dios de la iniciación a los misterios y al mismo tiempo el dios de las corporaciones de artesanos. Jano, dios bifronte, arcano, esotérico y enigmático, fija una de sus caras en la tradición del pasado, mientras la otra indica el rumbo hacia el devenir. Es una exhortación permanente, a quien lo observa y lo comprende, a asumir con dignidad y valor su tarea presente, aprovechando la experiencia de lo acaecido para anticiparse al destino.

  • 16/12/2017

    El Solsticio de Invierno

    El jueves 21 de diciembre a las 16:28 (17:28 horas en España) se produjo el Solsticio de Invierno. Fecha cercana al 24 de diciembre, día de Juan evangelista quien ostenta un alto significado esotérico en nuestra Orden. Mientras que la primavera simboliza el renacer, el verano la luz y el crecimiento, el otoño tanto el desapego como la depuración y el decrecimiento; el invierno, encarna la quietud y la introspección.

    Quema ceremonial de ramas secas de roble, símbolo de Yule, frente a la iglesia de San Sava de Belgrado (Getty Images)

    El Solsticio de Invierno representa el renacimiento de la Luz, porque desde ese momento la noche irá disminuyendo haciendo que la luz del día se extienda cada día más. Aunque en teoría, el solsticio de invierno solo dura un instante, el término Solsticio también se usa normalmente para referirnos a las veinticuatro horas de ese día.

    Seguro que todos lo hemos sufrido, la vida diaria nos impide parar para pensar un rato, los problemas del día a día, la soledad que vivimos aún estando rodeado de gente, las prisas, el estrés, el desasosiego, los sacrificios sin recompensa, todo parece sobrepasarnos, y pese a todo sacamos fuerzas de flaqueza. Por eso este periodo de oscuridad nos invita, a sumergirnos en nuestro propio nigredo, a realizar un viaje interno, sin juicios pero con reflexión, para que tocado fondo, ver la luz brillar de nuevo. Y es que en nosotros, como en todo, también está reflejado el principio hermético de la polaridad, del yin-yang, de la oscuridad y la luz.

     

    Templo Mítreo de Dura Europos. Esta Ciudad, en la frontera entre Roma y el Imperio Persa Sasánida, contaba con un magnífico mítreo, fechado en los siglos II-III y decorado con espléndidas pinturas.

    Entre otros, el solsticio de invierno fue representado por Mitra. Su creencia en la India se diluyó pero se acentuó en Persia y predominó en los misterios de época romana. Su primitivo libro sagrado es el Avesta. El Mitraísmo desapareció, pero sus creencias en dos poderes opuestos que dominan el universo, el bien y el mal, la luz y las tinieblas, permaneció en el Maniqueísmo y en otras creencias como entre los Bogomilitas, entre los Cátaros, Esenios, Albigenses, etc..

    Como veremos, los días veintiuno y veinticuatro de diciembre están imbricados. En masonería hay un desconocido Patrón e Inspirador, se trata   de   Juan  Limosnero,  quien  dejó Chipre  para  marchar  a  las 

    cruzadas a fundar un hospital en Jerusalén para que diera amparo a los débiles. Y con él, se completa la triada inquebrantable que une a los tres Juanes. Juan Bautista que coincide en el solsticio de verano, simbólico del nacimiento bajo la Luz, la misión, el bautismo, la iniciación. Por otro lado, en el solsticio de invierno, momento de recogimiento, de pensar, meditar, de aprender, tenemos a Juan Evangelista. El pasado, el futuro y el presente encarnado en Juan Limosnero de quien se desprende una enseñanza aplicable a la Caridad: La igualdad tiene un componente vertical, en el sentido de dar más a quien más precisa. A la vez que también tiene un componente horizontal, en el sentido de dar igual a quienes tienen la misma necesidad.

    También sabemos que hay un componente de mente universal, de inconsciente colectivo, de ese éter alquímico que atrae y favorece el pensamiento así como a todo lo relacionado con la espiritualidad y el misticismo. Esa quintaesencia o quinto nivel de vibración que hace que coincidamos en un espacio-tiempo determinado. Por eso hay celebraciones ruidosas y otras de reflexión silenciosa. En el solsticio los antiguos se preparaban para el futuro. Nuestros antepasados encendían grandes fogatas y bailaban a su alrededor toda la noche para llamar al amanecer, girando y girando e invocando el cambio. Y lo hacían con la perfecta quietud de las imágenes en cuevas, con teas iluminando la oscuridad, con el sagrado árbol verde de la vida en medio de la muerte y, la madre tierra dando cobijo al niño Sol. Distintos Rituales esparcidos por la faz de la tierra con distintos nombres y un solo sentido. A título de ejemplo os muestro algunos de los que se celebraban en este planeta:

    En el hemisferio Sur: